En Ca’n Joan de S’Aigo llevamos desde 1700 elaborando la misma ensaimada, el mismo chocolate espeso y el mismo helado de almendra que empezó Joan Thomàs guardando nieve de la Serra de Tramuntana. Con 325 años de historia y un negocio que sigue siendo cien por cien familiar, hoy esa historia se reparte en tres locales de Palma. La receta es idéntica en los tres. Lo que cambia es el sitio donde decides sentarte.
Can Sanç: el local original
El negocio abrió en 1700 en la calle Fiol. Se trasladó a Can Sanç en 1977, cuando aquel primer edificio quedó en ruinas, y aquí se conserva todavía el mosaico del local original. Lámparas antiguas, mesas de mármol, casco histórico, a un paso de la iglesia de Santa Eulàlia. Al entrar hay que esperar a que te asignen mesa, tal como indica el cartel en la puerta. Aquí se sirvió también el primer helado de la casa, que fue de almendra, el mismo que seguimos elaborando hoy. Es el local para quien quiere ver de dónde viene todo esto, el origen de Ca’n Joan de S’Aigo.
Baró de Santa Maria del Sepulcre: cerca de Jaume III
Abierto en los años 90, este segundo local mantiene la esencia, la delicadeza y la calidad del primero, pero en una de las zonas más exclusivas de la ciudad. Buena opción si estás paseando o de compras por la zona de Jaume III y quieres parar a tomar algo sin salir del ambiente cuidado de esa parte de Palma. Es el más desconocido, pero justo por eso guarda una magia especial.
Sindicat: cerca de Porta de Sant Antoni
El local más nuevo, inaugurado en 2018 en los bajos del antiguo Bar Triquet, edificio de 1909 del arquitecto Gaspar Bennàssar. El diseño es más actual, con un ambiente pensado para un café pausado o un chocolate con ensaimada en pleno centro. Es el más práctico si te mueves cerca de Porta de Sant Antoni y quieres la misma casa en un espacio distinto.
Tres razones por las que se repite en cualquiera de los tres
El sabor es el primer motivo: la ensaimada, el cuarto, el chocolate a la taza, la horchata y el helado de almendra siguen las recetas de siempre. El segundo es compartir mesa: abuelos, padres, hijos, parejas y amigos se cruzan a diario en nuestras mesas, y las tertulias y los reencuentros forman parte del ambiente en los tres locales. El tercero es la memoria: sentarse en cualquiera de ellos es conectar con más de tres siglos de historia, y cada objeto de la casa —el cartel de La Roqueta, las baldosas hidráulicas, las sillas de roble— tiene su propia anécdota.
Además, puedes escoger la experiencia que quieres vivir: todo depende de qué te apetezca. En cualquiera de los tres locales, la primera hora de la mañana es para quien busca un desayuno tranquilo con cuartos recién horneados. A media tarde, en cambio, es cuando se forman las colas más largas para la merienda de chocolate, ensaimada y helado. Si prefieres tener tu mesa sin espera, la mañana es el mejor momento; si quieres vivir el ambiente en su punto más animado, la tarde es la hora.
La misma carta en los tres
Ensaimada llisa, de tallades, de crema, de cabello de ángel, de chocolate o de nata, el cuarto, la coca de patata, el gató, el cremadillo, los robiols y el helado artesano de almendra: la carta no cambia entre locales. Tampoco el chocolate a la taza que da nombre a la casa. Si quieres llevarte una ensaimada, pídela con dos días de antelación en cualquiera de los tres. Y si quieres venir a vernos, te esperamos, igual que hacíamos en 1700.


